La redacción de Nedham Independent ha decidido, tras consultar a sus asesores y considerar seriamente la acción, echar el cierre a la presente publicación.
Una de las razones principales del cierre es la vinculación directa de Nedham Independent a la redacción de la novela TENER UNA VIDA, ya finalizada y a punto de entrar en el proceso de envío de concurso, propuesta editorial, etc... Acabado el libro, no tiene mayor sentido proseguir con esta bitácora, la cual permanecerá expuesta en esta dirección web, como testimonio de lo que ha dado de sí ese tiempo, o para ampliar el conocimiento sobre ciertas interioridades del libro (pues hay muchas pistas aquí acerca de la vida de su autor mientras daba forma a la mencionada obra). Entre los motivos NO se encuentran: llamar la atención, ni la manida frustración del artista.
Este es el fin de una etapa. Solo de una etapa. La salida de una etapa oscura antes de seguir el camino de baldosas amarillas.
Pueden seguir las aventuras y textos del autor de TENER UNA VIDA en los siguientes espacios digitales:
- THE MERCYSOUND: blog sobre imaginación musical involuntaria.
- CUENTOS EN EL TECHO: blog donde se reúnen sus cuentos inéditos, y desde donde pueden rastrearse aquellos publicados en otros medios.
Hace un par de días cayó en manos de un editor mi última novela. A partir de ahí yo podré decir muchas cosas, pero nadie me hará ni puñetero caso. Y eso me encanta. Me encanta no tener más que legajos y recuerdos aislados de ella. Que se haya separado de mi para seguir su propio camino.
Las novelas, nos guste o no admitirlo, son estados de ánimo. Queremos que sean algo más porque vivimos en una sociedad que a veces parece la gran ramera de la justificación. Sin embargo, si alguna vez consiguen escribir algo decente, no se enamoren de ello, porque les destrozará la vida.
De este último intento por escribir algo decente recuerdo, por encima de todas las cosas, la música que sonó mientras tanto.
1. Nick Drake: "Pink Moon"
Es vital para quien quiera escribir tener algo de poesía cerca. No asomarse demasiado, porque puede uno caerse en ella; basta con estar lo suficientemente cerca para afilar la gramática, entre otras cosas. Nick Drake hubiera sido uno de los mayores escritores de su época: por la calidad de sus letras y su sensibilidad extremista lo conoceréis. Pero especialmente por la conciencia propia de que lo que componía era único. En su disco anterior, muy orquestal, hablaba mucho del proceso de la escritura, y daba sabios consejos: "tómate un momento para aclarar tu historia", decía en Hazey Jane II. Y también hablaba mucho de la soledad en el proceso... y de la soledad en general. Ambas cosas, soledad y escritura, fueron llevadas al extremo, y en este Pink Moon realizó un enorme esfuerzo de contención, otra de esas cosas que escasean en los escritores contemporáneos. Con una frase más inteligente que todo el pseudobudismo occidental junto, sintetizó lo que todo aquél que trabaja en un texto sueña conseguir: "Lo vi escrito, y lo vi dicho".
El grupo estaba en un momento realmente chungo cuando grabó este disco. Iban de un lado para otro en una gira algo desastrosa tras ese experimento ruidoso y azul llamado Monster. Tras la experiencia, perdieron a su batería Bill Berry (dejó el grupo, no pasó nada trágico), y aunque todavía hicieron buenas canciones, en mi modesta opinión no volvieron a tener un disco tan completo como éste, con tanto paisaje y profundidad. En este caldo de cultivo, compusieron catorce temas en la carretera, y lo grabaron entre muchas ciudades, con el ritmo frenético y el impulso de la responsabilidad creciente que acompaña a la creación hecha con gran concentración, ese momento en que uno piensa tanto en la historia que quiere contar y en los cambios que se producen en su narración que todo alrededor parece confabularse para crear esa falsa sensación de hallarse predestinado a contar esa historia y no otra, en ese preciso momento.
Recuerdo con claridad que este fue uno de los primeros discos que compré con lo ahorrado en mi paga semanal: un disco con dos fotos en blanco y negro, muy difuminadas... la ausencia de créditos en su interior... la imagen líquida de la portada... el CD sin ninguna impresión... la contribución de Patti Smith... el crudo sonido de las canciones...
Parecía decir: escucha la música, piensa la letra... no necesitas más para avanzar.
3. Miles Davis: "Birth Of The Cool"
Suena a topicazo imaginarse a un tipo tecleando y oyendo jazz de fondo. A veces ser coherentes con los tópicos ayuda. Además, yo suelo ponerme auriculares (también denominados "cascos") para estos menesteres.
El caso es que el jazz moderno, fundado por tipos como Davis o Coltrane, con compinches como Gerry Mulligan o Sonny Rollins (este último en la gira de 1951 cuyo extracto reproduzco aquí), es una excelente compañía para el momento de derramar tinta y pensamientos. Esos instantes de borboteo por donde suele colarse el desahogo que luego debe ser corregido. Esa sensación de libertad. La búsqueda del virtuosismo nunca por puro artificio, sino porque la excelencia es obligatoria. Tocar, tocar y tocar. Pase lo que pase. Escribir, y no teorizar. O la brújula se desequilibrará.
4. Bob Dylan: "Blood On The Tracks"
Este disco está creado para cuando llegan las correcciones. Cuando hay que analizar ese estado de ánimo que constituye la esencia de la novela, descomponerlo y ubicar cada pieza en su lugar correspondiente. No quiero ponerme pesado con las interioridades del proceso de redacción de un libro, porque es algo personal, como la música que uno escoge mientras trabaja... por ahora, baste con saber que este disco fue compuesto en tiempos complicados para él, en pleno proceso de separación de Sara, de cambio de dirección en su carrera... lo que hizo Dylan aquí fue disponer las piezas sueltas de sus canciones, las que no conseguía ubicar pero ya vivían en su cabeza y dentro de su corazón. Lo grabó y regrabó en apenas tres meses, la fiebre de la creación latente, el dolor un poco más soportable en tanto que se es capaz de doblegarlo y aprovechar los errores propios en favor del trabajo, y nunca como excusa de un mal resultado.
Dylan se puso a prueba, y puede decirse que salió airoso. Tenemos la parte más introspectiva del poeta, y también la más abiertamente experimental del músico. Y ya conocemos el resto de la historia. Personalmente, me quedo con la idea de hasta qué punto aquello que uno hace en su trabajo creativo está vinculado a su trayectoria personal. Y creo que es justo reconocerlo, aunque luego se prefiera no hablar demasiado del asunto... por eso se recurre a la obra de otros.
5. Jonathan Wilson: "Gentle Spirit"
Los últimos meses he estado verdaderamente insoportable recomendando este disco. He hablado de él hasta hartar a los que me rodean (yo no me canso de ello). Conocí a Wilson durante una entrevista para Ruta 66, y enseguida nos caímos bien. Nos pusimos a hablar de algo que ambos conocíamos: la necesidad de ser constantes, como el sonido es constante, en el trabajo. Llevar lo más lejos posible aquello que tenemos entre manos, sin importar las distracciones que se empeñan una y otra vez en el cautivador pesimismo. Su caso fue el de una lucha muy intensa contra las circunstancias para poder ver su disco publicado. Ha tardado varios años en crear este LP denso, largo, con canciones de hasta diez minutos, para escuchar con sumo cuidado, hecho a partir de una mitología que ya parecía olvidada: California. Este es el resultado de un esfuerzo duro, producido con extremo mimo y atención, como un artesano fabricando algo para sí mismo aunque la mayor parte del tiempo se encuentre trabajando para los demás. Es una de esas construcciones humanas que alejan al individuo del cinismo generalizado y tan estúpido que nos rodea. En ese contexto ya citado, de palmeras entre las dunas.
Créanme, amigos míos, cuando digo que aquella música volaba, y yo con ella. Volaba por encima de la humedad de Rota, del humo del té, de los ratos de silencio, de las noches despierto frente al teclado, de los momentos de pánico y mitomanía tan hermosos sin los cuales uno no cree en lo que hace (por eso se suele presumir tanto de dichos momentos); y volaba porque era buena música, es buena música, es deliciosa. Y me sentía frágil y a la vez agradecido, como cuando en los descansos bajaba a la playa y podía ver la curvatura del horizonte, y el atardecer parecía esperarme a mí, y no al contrario.
Es muy probable que la obra de mis manos se deba en cierta medida al regalo de poder habitar entre esos discos, que son mucho más que entretenimiento y olvido. Hubo más música, por supuesto, pero los aquí descritos fueron los que más sonaron.
Lo mejor es que cada uno tenga su propia música. Hacen falta cosas a las que aferrarse cuando el ruido exterior empieza.
Apareció por primera vez en un libro de cruzadas escrito en holandés, y en ella se desarrollan muchas de las historias creadas por Daniel Jándula. Se encuentra situada a orillas de un afluente del Rin. Es una mezcla de Barcelona imposible, Gotham en verano, el centro catastrófico de Tel Aviv, Londres bajo un sol oblicuo y permanente, y contiene algo de la humedad de Roma.
Nedham Independent, su principal medio, ha informado puntualmente de las noticias más importantes de la ciudad, así como de la obra y lecturas de uno de los escritores supervivientes a ella.